Steff – cofundador de FreshSurf

Steff 2

Esa buena sensación que tienes después de unas vacaciones: ver todo un poco más relajado en este mundo tan ajetreado.
Simplemente vivir el día a día. Así me sentía siempre después de un surf trip.
Transmitir esta sensación a nuestros huéspedes: eso es para mí FreshSurf. Una empresa que te prepara para practicar el «deporte de los reyes» en todo el mundo. Todo ello con nuestro equipo FreshSurf: gente que no se toma demasiado en serio pero que se exige mucho.
«La vida es demasiado corta para calzoncillos largos»: ven a Fuerteventura.

«¡Mi primera ola verde!»

Steffs grüne Welle

Puedo contar con mucho detalle mi primera ola verde, porque se me quedó grabada como el primer beso: ambos fueron húmedos y no sabía lo que estaba pasando. Llegué al surf gracias a un becario que trabajaba en la misma empresa que yo en Alemania. Fue en 2001. Este chico tan majo me habló del surf en Portugal y de que solo trabajaba aquí para financiar su próximo surf trip. Pensé: «¿Surf? ¿Portugal? ¿No Hawái? ¡Seguro que eso me gusta como snowboarder!»

En 2002 llegó el momento. Había convencido a dos amigos para volar conmigo a Portugal a hacer un curso de surf, con una escapada previa a París. El curso de surf duró dos semanas y tuvimos unos monitores muy agradables que nos daban clase dos horas, dos veces al día. Todavía lo recuerdo todo muy bien. Cómo me ardían los brazos, cómo ya no conseguía impulsarme para el take-off y lo fría que estaba el agua en Portugal. Después de unos días en la espuma, fuimos a Banana Beach, justo al lado del spot de nivel mundial Supertubos.

Recuerdo muy bien que ese día soplaba un viento offshore fortísimo sobre las olas y que me molestaba muchísimo la espuma que me saltaba a los ojos. En realidad, condiciones perfectas para surfear olas verdes. Pero no para un servidor.

A mí me pasó un día después en la playa de Peniche, cuando remé hacia una ola que me parecía demasiado empinada. Pero esta vez no. El monitor gritó «¡DE PIE!», hice lo que me dijo y bajé la ola a toda velocidad en zigzag, agitando los brazos y sin poder mantener la línea. Al principio no sabía lo que acababa de pasar, hasta que vi al monitor holandés aplaudiéndome.

Así que esa fue «la primera ola verde»…